Ganar 30 dolares en 3 minutos

El juego

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se divide por “rangos”, y hay eventos especiales para cada “rango”. El “rango” no es más que la franja de edades: si no fuera por el “rango”, las damas de cincuenta como las que hoy están aquí se quedarían sin candidatos hasta en este juego y pese a haber pagado la inscripción. Los caballeros de cincuenta y tantos prefieren a las treintañeras.

Les dan tarjetas ya tabuladas y marcadas con la primera impresión que les provoque cada candidato/a. Son como antiguos carnets de baile. En las tarjetas hay tres caritas que expresan: 1) satisfacción; 2) duda: merece una segunda oportunidad; 3) desagrado. Tomándose ese examen mutuo, un rato después de “las 19”, el lobby está lleno de damas y caballeros sonriendo y conversando, cada pareja en su mesa. A los ocho minutos, suena una campana que toca la Venus de ojos celestes con un mohín que indica que todos deben cambiar de mesa y compañero/a. Todos obedecen. Están ansiosos por ver quién sigue. Quizá mientras conversen con el siguiente seguirán pendientes del anterior, si es que les ha gustado, y relojeando a la dama con la que él se ha sentado. Las variables posibles de atracción o rechazo escapan a la manipulación del juego, así como las pasiones y los arrebatos, los pensamientos recurrentes, la naturalidad y el azar, en fin, esos pormenores tan importantes en cualquier historia de amor o deseo. El juego ofrece seguridad y garantiza “gente para conocer”, pero a cambio se reserva el derecho de enamoramiento súbito, desprolijo y antojadizo. Aquí no se viene a dejarse llevar, sino a evaluar y a ser evaluado.

Las citas rápidas florecen en un contexto en el que la soledad ya ha empantanado demasiado a hombres y mujeres que deben convertirse en damas y caballeros, como si fueran personajes surgidos de alguna trama de amor cortés, o bien como los carteles de los baños públicos. Visto desde la puerta del hotel, el juego sigue su curso, aunque ha habido inconvenientes, que son los de la vida real: hay más damas que caballeros. Ellas deben relucir más, ser más agudas y divertidas para que ellos marquen 1) o 2).

Afuera paró de llover y sin embargo todavía hace calor. La noche que llega impregna el algodón de las remeras y las camisas de un sudor mezclado de humedad y cansancio. Afuera hay embotellamiento, y hay patrulleros pidiendo documentos a unos pibes. Las bocinas están enfurecidas y los hombres y las mujeres que salen de sus trabajos caminan rápido para alcanzar el colectivo. Y aún con la pesadez del clima y el tránsito, afuera de ese hotel todo está vivo.