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Una ficción televisiva recurre a un conjuro, ¿pero se puede hacer sin brujería?

Un programa de ficción tiene (o tenía a esta altura) como protagonista a un seductor empedernido y machista de alma, resuelto a no formalizar con ninguna de sus múltiples conquistas. Pero una de ellas le hizo pagar caro su desaire y recurrió a un conjuro para que literalmente, de la noche a la mañana, Lalo se convierta en Lola y sufra en carne propia lo que le hizo sentir.

Así, la “Lalola” intenta resolver el machismo de un hombre, pero con un mecanismo que, en la realidad, difícilmente pueda lograrse. El debate, igualmente, está instalado: mientras algunos creen que existe una “cura” para el machismo, otros descreen tajantemente de esa chance y proponen variantes para un escarmiento.

“El hombre que nace machista muere machista”, sentenció Valeria Schapira, periodista y autora de “Hombres: Manual de la usuaria”. Y agregó: “Las mujeres tenemos la ilusión de que los hombres cambian, así como de que vamos a convertir a un gay en heterosexual, y eso no es así. De cualquier modo, las mujeres que eligen hombres así están muy desvalorizadas”.

Hugo Pisanelli, presidente de la Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires, acuerda, al menos en esto, con Schapira: para él “no hay sometedor sin sometido”.

Para Schapira, aunque no hay una solución, existen algunas medidas que podrían llevar a buen puerto, según sea el “afectado” de machismo. “Primero hay que colocar el autoestima de una en su lugar. Y luego, darle de beber su propia medicina. Claro, si una tiene ganas de gastar energía en eso...”, sostuvo.

Si se siguen estos consejos, algunos “pasos” podrían pasar por dejar plantado al susodicho, no atenderle los llamados y luego aparecer como si nada tal Houidini, entre otras jugarretas salidas de la misma sed de venganza que llevó a la valiente de “Lalola” a acudir a una bruja.

En la misma línea, Pisanelli corroboró la teoría de que el abandono de un hombre con estas características por una mujer “puede ser un escarmiento que funcione”. Esto, porque “el mayor miedo de un machista es el de ser abandonado”.

El sexólogo y psicólogo Norberto Litvinoff, en tanto, que considera “primitivo el camino de la venganza”, sostuvo que el machismo sí tiene “cura”: “La vida le da bofetadas al machista, y eso le genera dolor y sufrimiento, habilitando un posible cambio de actitud. Eso sucede cuando una mujer no se deja someter y hace tambalear estructuras propias del machista, logrando llegar a una negociación o acuerdo”. Y amplió: “También existen terapias y remedios homeopáticos”.

Fabian Fusaro, autor del libro “Mi ex novia”, aunque es de los que piensa que “el machista misógino no tiene cura”, coincide con Litvinoff en que “si se enamora, se pseudo-cura porque se vuelve un pelotudo. Entra en un conflicto interno porque no la puede maltratar”.

Mi mamá me mima

Los especialistas consultados coincidieron en que el origen de ese ser de las cavernas está en quien les dio la vida y los trajo al mundo: la madre.

“Los hombres son machistas porque tienen madre”, sentenció Pisanelli, que, por las dudas, aclara que no se trata de un chiste. Schapira coincidió: “Detrás de todo hombre hay una madre. Ellas y las suegras alimentan el machismo”.

Litvinoff pone la mirada explicativa: “Las madres sobreprotectoras ayudan a una postura machista de sus hijos desde varios lados: cuando el chico deja de ser lo que la madre quiere para ser él mismo, la madre lo ataca. Y allí empieza un cierto odio a las mujeres; o bien, se trata de una figura fuerte materna que desvaloriza al padre. Además, hay que tener en cuenta que algunas religiones ayudan a sostener el machismo”.

No obstante, no todo siempre es tan lineal y múltiples factores pueden alimentar el machismo, según aclaró Pisanelli.

Ciega, sordo, muda

Un hombre machista suele buscar compañías ante las cuales pueda hacer gala de su supuesta hombría. “Buscan mujeres con autoestima baja, dominables y ciegas, de esas que pueden estar llenas de cuernos, pero que no se dan cuenta. Buscan poder, como los chicos con sus juguetes, usarlos y tirarlos”, sostuvo Schapira. O bien, en palabras de Fusaro, a aquellas mujeres que “aburren y que son como pañales descartables, que se cagan y se tiran”.

Litvinoff explicó que esto es así debido a que “son justamente a esas mujeres a las que puede despreciar, desvalorizar, porque son las únicas que soportan esos tratos”.

Sin embargo, para el sexólogo no hay mejor remedio que la enfermedad: “La mujer que le hace frente lo enamora porque él no la puede humillar. Y es ahí cuando el machista empieza a suplicar, a angustiarse y a sufrir en carne propia lo que le hizo a las demás”.

La machista: la gata flora

No obstante, el machismo no es exclusivo del hombre. Las mujeres también pueden serlo, ejercerlo o sentirse cómodas con esa actitud.

“También tiene su costado lindo. ¿A qué mujer no le gusta que le abran la puerta de un auto o que le arreglen las cosas de la casa?”, reflexionó Schapira. Y las que se quejan, aconseja Fusaro, que “se aguanten, porque ellas los eligieron”.

Y vos, ¿qué escarmiento proponés?