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Conferencia de Sonia Abadi sobre la creatividad

El pensamiento creativo, pensamiento en red
Conferencia de Sonia Abadi en el Congreso del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima

El pensamiento creativo supone la posibilidad de jugar con conexiones de todo tipo. Estar en una suerte de trance, la cabeza en ebullición. En estas circunstancias se hace posible el pensamiento en red. La integración transdisciplinaria que implica a saberes como el psicoanálisis, las neurociencias, la teoría matemática de las redes. La dinámica de la creatividad es justamente el pensamiento en red y es la creatividad la vía principal para la curación de los pacientes.

Para entender el paradigma de las redes es conveniente demarcarlo del viejo paradigma de las fronteras. El paradigma de las redes implica la construcción de sistemas abiertos de conexiones potencialmente ilimitadas, a veces aleatorias. Otras veces necesarias.

Fronteras y redes representan dos modos de acceder al inconsciente, desde la frontera es que se elaboran las tópicas freudianas. Desde esta perspectiva lo importante es hacer consciente el inconsciente. Se establece la primacía del orden sobre el caos, se privilegia el concepto de represión como lucha dinámica entre fuerzas que pretenden atravesar límites. También en este paradigma se establece el dualismo pulsional y la escisión del yo. En la obra de Melanie Klein, esta manera de pensar se hace presente en conceptos como identificación y proyección identificatoria. Otro tanto ocurre en la obra de Lacan con la fase del espejo en la que se daría el surgimiento del yo en el registro de lo imaginario, por la identificación con un Otro relevante. La posibilidad de fijar etapas de la libido corresponde también al pensamiento de fronteras. Lo mismo ocurre con la idea de una “vía regia”, de una suerte de atajo para llegar a lo inconsciente.

El paradigma de las redes induce a pensar de manera muy distinta. El inconsciente es imaginado como una red de conexiones ilimitadas que puede atravesar cualquier frontera. No obstante, hay nudos y fijaciones. En todo caso, el par de conceptos más afín al pensamiento de redes es el de proceso primario y proceso secundario. El proceso primario es potencialmente aleatorio, es disperso y abierto. En cambio en el proceso secundario las conexiones están de alguna manera predeterminadas por patrones que delimitan el campo de lo posible.

Winnicot es uno de los analistas más importantes en el fomento del pensamiento en red. Su concepto de lo transicional es al respecto decisivo. Lo transicional es un estado fluido, no integrado. Está entre lo primario y lo secundario, entre lo consciente y lo inconsciente. Es en ese estado, que es característico del juego, de la mezcla entre fantasía y realidad, que se produce el hecho creativo. Otro aporte central de Winnicot es que el pensamiento sucede en una relación intersubjetiva, en un juego de fecundación.

Lo inconsciente se construye todo el tiempo desde la potencialidad pura. A Winnicot no le interesa un concepto arqueológico del inconsciente. Para él, el sueño, más que material interpretable, es reflejo del potencial de salud, es creación. El sueño nos puede mostrar los nudos del inconsciente pero también las posibilidades de reparación.

En la sesión analítica aparece una nueva subjetividad. En esta nueva subjetividad el potencial de salud aparece en el propio límite de la patología. El encuadre es el de la empatía, la articulación entre asociación libre y atención flotante. Este encuadre permite navegar las redes inconscientes a través de la desintegración de lo inmediatamente dado.

La empatía no es reductible a una buena voluntad. La buena voluntad por sí misma es radicalmente insuficiente. En realidad es un “sentimentalismo”. En cambio la empatía supone un funcionamiento interpersonal que implica aflojar las fronteras. No hay límites entre el pensamiento lógico y el pensamiento intuitivo. Cuando uno trata de ser empático a punta de buena voluntad el resultado es que nos desgastamos, perdemos fuerza y fe en nuestra actividad.

En la sesión analítica se establece una conexión intersubjetiva en que circula la creatividad. Tenemos a dos personas que se curan juntos. No obstante, existe una suerte de veneración y temor por lo creativo. Se supone que lo creativo es algo sustancial que puede ser neutralizado.

Antes que pensar el trauma como un exceso flotante de energía que acecha al sujeto, es más fértil razonarlo como una consolidación de esa energía que produce estructuras caracterológicas que pueden ser desenredadas a través de la amistad y la poesía.

Se puede encontrar diversas metáforas para pensar la sesión analítica que, en sí misma, puede tomarse como modelo de una relación intersubjetiva realmente fecunda. Una primera metáfora es la del tango. Lo que funciona en el tango es una improvisación pautada pero creadora. La inspiración es esencial para la emergencia de lo nuevo. Y esa inspiración nace de la empatía en la pareja. El analizante es el que tiende a llevar el paso, es el hombre de la pareja. Mientras tanto, el analista tiene que dejarse llevar pero de su inspiración saldrán propuestas que modificarán la dinámica del baile. Otra metáfora esclarecedora remite al mundo de la publicidad. En particular a la “pareja creativa”. En efecto, en la creación de slogans o de historias trabajan juntos dos personas: el director de arte y el copywrighter. El primero aporta la imagen, la inspiración general. El segundo concretiza la palabra, logra solidificar lo difuso.

La creatividad permite desbloquear el sentido que se ha quedado petrificado en el síntoma, permite por lo tanto disminuir la repetición, y ello se logra solamente a través de la armonía del “entre dos”.

El ideal del amor y sus extorsiones

Gonzalo Portocarrero
Tilsa Ponce

El amor como ideal que hace valiosa la vida al embellecerla es una creencia que según Morin se origina en la Atenas del siglo V a.C. En efecto, en la Grecia Clásica se gestó un “guión” que habría de llenar el vacío entre lo real de la atracción física y la inexistencia de un instinto, de un comportamiento natural o preprogramado en las relaciones entre hombres y mujeres. En El Banquete de Platón, los participantes del diálogo exploran diferentes definiciones del amor, que es pensado como un fenómeno múltiple pero natural, ya dado, que sería necesario fijar en sus mejores posibilidades. La última palabra la tiene desde luego Platón, por intermedio de Sócrates, el personaje central de su diálogo. Implícitamente se reconoce que hay diversas clases de amor pero que de lo que se trata es de identificar el más pleno o elevado.

El amor para Platón es una atracción por la belleza del alma del ser amado. Lo físico no es lo más importante pues si nos dejamos guiar exclusivamente por él estaríamos a la deriva, de cuerpo en cuerpo. La belleza del alma es superior a la del cuerpo. Si hay alguna razón por la que la vida merece ser vivida es la contemplación de la Belleza. En el mundo perfecto de las ideas, la belleza tiene un lugar privilegiado y podemos acercarnos a ese absoluto mediante el amor y el arte. Después de todo, Eros se sitúa entre los dioses y los hombres. “Colocado en el medio, su función es integrar lo divino y lo humano para que el todo tenga su plenitud”. Eros no es mortal ni, tampoco inmortal. Puede florecer, morir y luego resucitar. Es hijo de la industria y de la pobreza; como tal tiene dos facetas, la necesidad que recurre y la fecundidad que satisface. Dejándonos guiar por él conoceremos el bien y la belleza. Lograremos una vida mejor.

Sea como fuere, con Platón se inicia una línea de pensamiento que, según Richard Rorty, marca en profundidad la historia de Occidente. El vector de esta línea es la devaluación de lo inmediato, el cuerpo, para empezar. Todo lo que nos rodea es una mera apariencia de algo más definitivo: la realidad trascendental de las ideas. Vivimos pues en un mundo de sombras, creyendo que ese mundo es todo lo que hay. No obstante esas sombras son solo reflejos pálidos de la verdadera realidad, como en la alegoría de la Caverna. Entonces hay que desconfiar de lo sensible y dejarse llevar hacia lo elevado. La huella de Platón es patente en el romanticismo. Así como en todos los movimientos que buscan lo “real”, entendido como la conquista o posesión de una intensidad definitiva, absoluta. Desde los experimentos totalitarios hasta las exploraciones místicas y estéticas, en todos estos casos la propuesta es la misma; se trataba de ennoblecer la vida, trascender cualquier límite, mediante alguna clase de empeño mortificante. Para Rorty este salto hacia lo imposible no puede tener otro destino que la frustración y, acaso, la muerte. Pero para Weber la humanidad nunca hubiera hecho nada grande de no ser por el ansia de lo infinito, por perseguir la belleza de lo absoluto.

De cualquier manera, los años 60 están más cerca del romanticismo weberiano que del pragmatismo de Rorty. En esos años dos ideales dominan la vida: la revolución y el amor. Ideales, desde luego, interiorizados, convertidos en mandatos que regulan el ánimo. Valores que son como los moldes sociales de la subjetividad. Pero desde el lado de la agencia y del trabajo sobre sí, sobre la propia subjetividad: ¿cómo lidiar con estos mitos que nos abren el cielo de la experiencia mística pero también nos instalan en el infierno de la duda y la culpa? ¿Habrá que renunciar a la expectativa de lo absoluto? ¿Pero es posible esta renuncia sin caer en el absurdo? ¿Sin convertirnos en máquinas movidas por la búsqueda de goces elementales? Es decir, ¿Es posible una sublimación no compulsiva? ¿Se puede construir una relación no mortificante con estos ideales?

II

Para tratar de responder estas preguntas nos dirigimos hacia el poema El Mal Amor de Rodolfo Hinostroza. Partimos del supuesto de que la poesía cala hondo en la experiencia humana. El lugar de enunciación de la poesía, dice Heidegger, es un “entre”. Un espacio de intersección entre los “signos de los tiempos” y la “voz del pueblo”. Allí, en ese “entre”, casi liberado de los estereotipos, en medio de un abandonarse a las vivencias, es posible un hablar nuevo, distinto. Es la aventura de la expresión de lo inefable, de objetivar la complejidad de lo humano. Y el medio es desde luego el lenguaje. Hacer poesía es trabajar con las palabras hasta alcanzar que digan lo inesperado pero pre-sentido. La poesía moderna es el espacio donde el individuo se confronta con el penoso desconcierto que le produce su experiencia del absurdo, del sin sentido primordial de la existencia. Para interpretar el poema nos acogemos a la propuesta de Gadamer. Primero a la idea de que un texto debe ser leído el número suficiente de veces para que resulte transparente. Y, segundo, a la propuesta del “círculo hermeneútico”; es decir de que sólo a la luz de una pre-comprensión sintética del poema, gracias a la fijación intuitiva de su significado, es posible analizar cada una de sus partes. Análisis que a su vez matiza y elabora la comprensión del todo. Se trata, en suma, de ir del todo a las partes y viceversa. En este vaivén se va configurando una interpretación que, previene Gadamer, tampoco puede pretenderse como algo definitivo.

El poema El Mal Amor está incluido en el primer libro de Hinostroza, Consejero del lobo publicado en 1965, cuando su autor tiene 24 años. El Mal Amor es un poema extenso de diez estrofas, cada una de las cuales tiene entre 17 y 23 versos. El texto pretende dar cuenta de una conversación cuyo tema es precisamente la desventura del amor. No obstante, el sujeto de la enunciación es un yo que corresponde al personaje masculino de la historia. A veces se emplea un nosotros que engloba al personaje femenino que no llega a tener voz propia en el poema. Entonces, finalmente, estamos ante un largo monólogo donde la presencia de la contraparte está filtrada por una voz poética masculina.

El Mal Amor como veremos, atestigua los movimientos de una subjetividad seducida por el ideal del amor romántico. El yo poético escudriña el laberinto de su mundo interior tratando de saber el porque del mal amor. Pero no adelantaremos conclusiones. Vayamos paso a paso.

Para empezar, es claro que se vislumbró un enorme amor. No obstante, en el momento de la escritura, la promesa se ha frustrado y el yo poético está confuso, sin explicarse lo ocurrido. Entonces, en una visión retrospectiva, la voz poética se pregunta sobre las razones que llevaron al triste desenlace, al mal amor. Pero la misma existencia de un mal amor supone lo contrario, el buen amor, que es el amor a secas. En realidad el sujeto de la enunciación no renuncia a las promesas del ideal romántico, pero sí las cuestiona. Esas promesas son los ideales que se deben acatar. Implican ante todo la exigencia de vivir en una constante plenitud, en una movilización que unifica al mundo interior, otorgándole un sentimiento de potencia y veracidad. De esta manera, la eventualidad de un momento glorioso se convierte, por obra del ideal romántico, en la expectativa de permanencia en lo absoluto. En todo caso, lo interesante del poema es que el sujeto de la enunciación se descentra. No se concibe como un yo estable e integrado. La apuesta del poema es darle la palabra a cada uno de los fragmentos de la subjetividad, a cada una de las voces que la constituyen. No hay la pretensión de producir un discurso, coherente, pastoral. Se trata de comunicar una experiencia.

Para algunas de estas voces o fragmentos, el buen amor se plantea como un ideal imposible. Sería una falsa expectativa, una ilusión a la que, sin embargo, no se puede renunciar. La principal figuración del amor es el mar. Un mar que se acerca y que se aguarda con gran expectativa. Una inminencia pre-sentida con temor y reverencia. Es demasiado hermoso, es excesivamente feliz para ser cierto. Es una felicidad que brilla en un horizonte a veces tan cercano y otras tan remoto. Se trata de una fuerza impersonal que nadie sabe de dónde viene pero que se anuncia y ese anuncio es ya una realidad, es su mismo engendramiento. Entonces se espera que ese nacer del amor se repita siempre. El ideal es una comunicación donde se esté presente de una manera total. La fluidez de ser con el otro.

Pero el amor queda traicionado por realidades que están fuera del control de quienes lo sintieron. Fuerzas oscuras se interponen entre los amantes. Ellas están instaladas en la propia subjetividad tal como sucede con el mismo ideal del amor. La experiencia amorosa se plantea como prometedora pero también demasiado exigente y desgarradora. Entonces la subjetividad está capturada en una situación trágica. No se puede renunciar a la expectativa del amor pero tampoco es posible vivirla conforme a lo prescrito. No se termina de creer en el amor, pero como la experiencia de intensidad es tan contundente y seductora, tampoco se le puede desechar.

Sea como fuere, las cosas no ocurren de acuerdo a lo indicado en el ideal del buen amor. Hay distanciamientos súbitos. Se espera un ardor que no llega. Y lo que viene, en todo caso, es un dolor, la desilusión de no estar a la altura de lo exigido. Pero esa contrariedad se esconde porque da vergüenza. No se reproduce la entrega, el engendramiento. Las palabras inmensas se quedan en la garganta.

Cada uno puso lo suyo para que la experiencia no fuera lo que se prometió. Dentro de él ocurrían cosas extrañas. Cosas que tienen que ver con su fragmentación y heterogeneidad. Para empezar, la voz poética se define como “consejero del lobo, portador/de un extraño don, /todo cubierto de arenas/y de posibles ritos”. Este es uno de los varios autorretratos ensayados a lo largo del poema, pero es quizá el principal. La frase es un oximorón ya que apunta a la coexistencia de opuestos. El consejero del lobo es una figuración paradójica pues aúna la reflexividad de la conciencia del hombre sabio (el consejero) con la impulsividad depredadora del animal carnívoro. Parece que no hay síntesis posible. Todo lo que podría darse es una fluctuación: a veces más lobo y a veces más consejero. La voz poética expresa algo ambiguo y contradictorio. ¿Una escisión entre alma y cuerpo? ¿Entre la edificante claridad del deber y la gozosa experiencia de lo destructivo? De otro lado, estar cubierto de arenas remite a un desdibujamiento de la figura humana. Freud señala que los hombres de arena son un modo del horror que puebla el imaginario infantil. No obstante, la arena es también el recuerdo de ese mar infinito y demasiado hermoso. Los “ritos posibles”, mientras tanto, convocan una expectativa de libertad para escoger actuaciones distintas. Nos quedamos, finalmente, con una tensión no resuelta. La voz poética se define como cruzada por realidades incompatibles: la sabiduría y la impulsividad.

¿Pero es el mal amor una fatalidad? En todo caso el amor aparece tan repentinamente como la duda. En el amor la palabra se dice y la comunicación fluye. Mientras tanto, en la duda, se instala el silencio y lo que no se dice se convierte en un agobio. La comunicación puede pues abrirse o cerrarse. El amor se engendra y vive o, sencillamente, no aparece. ¿Cómo interpretar el fracaso? La manera más sencilla es atribuyendo culpas. No, el ideal está bien; soy yo o tú los que estamos mal. No ha habido la suficiente entrega y estoy, o estás, o estamos, en falta. La culpa fundamenta una lectura que no cuestiona las dificultades del vínculo amoroso, que no implica examinar el ideal y sus estragos. Entonces tras la frustración, el flagelamiento y la promesa de un nuevo intento. El amor se convierte en un ideal mortificante y desmesurado. Siempre se está en deuda. Hay que corregirse, castigándose. La posibilidad de esta hermeneútica reaparece continuamente en el poema. No obstante, la voz poética hace evidente que la subjetividad no se rinde ante la tiranía de lo absoluto. La decepción no tendría porque convertirse en culpa. Podría ser que la propia concepción del amor sea desproporcionada. Fuera entonces necesario reformular el ideal de amor. El poema plantea esta posibilidad pero no la desarrolla. Finalmente, la voz poética se declara culpable. No obstante, aún más culpable será el personaje femenino pues pretendiendo llevar la delantera en la lucha por el amor, en realidad resulta inconsistente y temeroso. La conclusión resulta pues bastante convencional. Pero el interés está en la lucha contra la culpa, en el cuestionamiento del ideal del amor romántico. Más allá de su conclusión explícita el poema revela cómo la tiranía del ideal termina erosionando la realidad de un vínculo que al no pasar el examen es desechado con violencia.

III

Volvamos al poema. El orden es peculiar pues está marcado por continuas reiteraciones. No se trata de una narración lineal sino de una exploración donde se plantea lo mismo desde diversas perspectivas: la seducción pero la final (im)posibilidad del amor (romántico). No obstante entre el comienzo y el final si hay un cambio, un acontecimiento. En efecto, mientras que en el inicio asistimos al “alumbramiento del amor” en el final nos encontramos con que el amor se ha convertido en culpa que devora. No, no se ha podido mantener la intensidad que se esperaba y esta situación es vivida como un fracaso desgarrador.

En cada una de las diez estrofas se reproduce el mismo vaivén, el movimiento que va desde la ilusión por el amor -que ya está allí- hasta el sentimiento de fatalidad que descarta su permanencia. El amor aparece como una suerte de pulsación, como una luz que brilla y se apaga.

La voz poética testimonia la oscilación de la subjetividad entre el miedo y la esperanza. Esta incertidumbre, sin embargo, produce cansancio de manera que la voz poética trata de alcanzar la tierra firme de alguna certeza. Surgen entonces dos posibilidades. La primera es la culpa, que ya ha sido comentada. La segunda es que hay algo de desmesurado e inhumano en el ideal del amor romántico. Esta posibilidad implica una rebelión contra lo socialmente establecido. Implica renunciar a la culpa y deconstruir el mito del amor, relativizando sus exigencias. Así sería posible una relación más libre. No, no se puede estar en el cielo todo el tiempo. El amor no puede engendrarse permanentemente. El hecho de que no aparezca tampoco tendría que vivirse como una tragedia. El vínculo es valioso aunque no sea esa exaltación absoluta que, desde una perspectiva realista, solo se puede sentir de vez en cuando. Entonces la opción no es entre el cielo de la mutua entrega y el infierno de la impotencia. La realidad posible es más gris, menos exaltada, pero aún así bien podría valer la pena. Esta posibilidad apunta a una subjetivación de la experiencia amorosa. A personalizar el mito del amor. Entonces el mito podría dejar de ser ese absoluto mortificante para convertirse en una creencia más amable y conducente. No obstante, la voz poética no llega a identificar este camino, solo lo intuye. Especialmente cuando rechaza la culpa. Es muy interesante que este rechazo sea vivido como una soberbia torturante.

IV

Todo lo anterior debe leerse como una introducción. Ahora toca una lectura pormenorizada del poema. Solicitamos al lector que nos acompañe en el esfuerzo.

En el alumbramiento del amor
no estuvimos presentes. Allí
se bebió, como se bebe
en los altos funerales de un
muchacho.

Nosotros concebíamos hablando.

El poema se inicia mostrando al amor como algo que “pasa”, que fluye “involuntariamente”. Es una intensidad súbita, una comunicación sorprendente y luminosa. Una exaltación que es también un tránsito a la madurez. Se trata de un momento fundante que implica la muerte del muchacho y el engendramiento mutuo de la pareja. La “concepción” y el “alumbramiento” del amor ocurren gracias al lenguaje. (“nosotros concebíamos hablando”). El diálogo se erotiza pues se convierte en un fin en sí mismo, en un espacio generativo de intensidades que capturan e iluminan.

Pero ya en este mismo momento se instala una sensación de imposibilidad, un escepticismo insuperable.

Detrás tuyo hubo siempre un mar demasiado
hermoso, empobrecido por la fuerza
de mi canto.
Yo, por mi parte, en un lugar
poco conocido
rescataba nuestro pobrísimo viaje
del silencio.
(Dolor, ve y nace, y
huye hasta mí. Solo de esta manera
conseguiremos cierta transparencia
digna, posiblemente pura.)
Séame dada la culpa. Yo
quiero ese andamiaje. Estoy cansado.

El amor es más que un instante, cierto y glorioso. Es también un ideal excesivo, demasiado hermoso. Frente a ese ideal que abruma con sus expectativas convertidas en obligaciones, la voz poética testimonia un retiro, un refugiarse en una suerte de covacha. Allí hay duda y dolor. El sujeto se debate entre una tensión: por un lado está la idealización de la mujer amada (con un “mar demasiado hermoso” detrás suyo), y por el otro el sentimiento de que lo absoluto es engañoso. Como si al momento de sentir la gloria, otra voz dijera: no, esto que estoy viviendo no puede ser. Se instala entonces una desarmonía: al esplendor le subyace la duda, se genera una coexistencia frágil, paradójica. Pero la incertidumbre pesa más, de modo que el dolor se instala. El sujeto se fragmenta.

En realidad, el poema sugiere que si fuera posible expresar ese dolor quedaría al desnudo el hecho de que algo no anda bien con el amor ideal. Si se pudiera acoger la duda y el dolor, sería posible conseguir “cierta trasparencia digna” en vez del ocultamiento culposo. Pero el cansancio reclama a la culpa como una posibilidad más inmediata, como un modo de leer el propio ánimo que no implica un sublevarse contra los ideales sociales.

V

En la segunda estrofa se poetiza la instalación de la duda. El amor está minado pues no es posible mantener la situación de “alumbramiento”.

Un alto modo
de establecer la duda, como
si se tratase
de una palabra dicha
a través de la mesa de madera
en ciertos esponsales concertados.
Un modo seco y
centelleante y
presente, como el olor del aire
cerca de la tormenta.
Luego nos separamos.
Por aquí mis enormes
reservas de palabras.
Allá tu amor, encaramado
en una vela blanca.
(Ni aún la historia
me serviría ahora. No
se asentará el recuerdo. No
nacerá de nuevo.)
Una apariencia de verdad. Un
augusto retiro necesito.

La duda está en la atmósfera, “como el olor del aire cerca de la tormenta”. Está en el mismo momento donde se instaura el vínculo. En la separación, de lado de él, quedan las “inmensas reservas de palabras” que no pueden expresar lo prohibido e impertinente, el dolor. Y del lado de ella está el amor como insignia y promesa de un nuevo (des)encuentro.

Pero ¿Habrá nuevo encuentro? Ni siquiera se ha asentado el recuerdo. Pero lo efímero del amor se convierte en una apariencia a sostener. Así lo prescribe el ideal. Y detrás de esa mascarada, se está culpable en una suerte de escondrijo. Cae entonces una sensación de cansancio. Se hace necesario un “augusto retiro”.

VI

En la tercera estrofa la voz poética intenta develar nuevamente el enigma del amor. Para ello es preciso no acatar sus dogmas sino atenerse a la experiencia. Entonces, ¿Qué es el amor? ¿Una promesa que seduce pero que no termina de realizarse? ¿O, más simplemente, una agitación lujuriosa alucinada como trascendencia?

En la cuarta estrofa la voz poética radicaliza su indagación. Ahora se trata de examinar los sentimientos de cada uno. Entonces se establece que ella está más dispuesta al amor. Es “la/pureza de una puerta/que se abre”. Pero esta pureza es también es “la nitidez de una espada” la certidumbre brillante de algo que atemoriza pues corta y mata. El amor de ella es vivido como peligroso pero posibilitador.

Y en cierta raza, en cierta
latitud tú fuiste
la nitidez de una espada, la
pureza de una puerta
que se abre.
Yo no, yo
paso a describirme:
Consejero del lobo, portador
de un extraño
don,
todo cubierto de arenas
y de posibles ritos.
(Dónde, en que noche
trabajaron nuestros asesinos. Y de
eso también fui portador.)

Seca, la hermana memoria.

(Del mismo modo, en el fondo
de un vaso, se fue
estableciendo tu nombre. Afuera
algo de eso cantado,
tal vez rojo,
ardía, como heno seco.)

Pero él no; él es el “consejero del lobo”. Criatura contradictoria, impredecible. El amor fue asesinado por fuerzas oscuras. No obstante un nombre quedó establecido. Un bautismo que es también una suerte de entierro o congelación del ser en la palabra. Esa nominación deja afuera, rechaza, un ardor fulminante que se agota sin dejar huella. Entonces el amor se desvaneció y la memoria está seca.

Se insinúa que el amor ideal es una mentira puesto que es imposible. Es pura seducción, semblante sin contenido. Pero esta conclusión es demasiado herética y cuestionadora. Cae a tierra la gran esperanza. Mejor fuera explorar otros caminos.

VII

Te criaste entre reyes, razas
herméticas, calenturas nocturnas.
De qué manera aproximar la culpa
si un alto sitio de soledad me obsede.
(Pero las tiendas de campaña
cubrían el desierto. Yo,
con un puño cargado de presagios,
seguí la caravana.)
Pero no hay modo
de aproximar la culpa.
(Cierta raíz frigia
daría el desenlace.
Puntualicemos: no
se trata de la muerte.)
Y el cielo, como un arándano
precariamente suspendido…
(Un monje alucinado
el gran pretexto.)

En la quinta estrofa se insiste en la culpa como posibilidad de fundar una hermeneútica de la relación. Algo así como “yo no fui capaz de entregarme”. La culpa sería una salvación pues sería una respuesta a la que podría seguir el arrepentimiento y la penitencia. Y la rehabilitación. Como quien dice “para otra vez será”. Pero la posibilidad de esta lectura se ve cuestionada por una soberbia torturante que hace que no se sienta, tal como se esperaría, humildemente culpable. Esa soberbia implica una rebelión contra la sociedad, es una posición peligrosa, difícil de sostener. Pero tiene un origen en la historia de la voz poética. En su experiencia el mundo es un desierto, un medio hostil, recorrido por gentes que se siguen unas a otras, pernoctando en frágiles y provisionales moradas. Sin una alternativa distinta, el sujeto de la enunciación sigue a esa caravana casi errante, pero lo hace con resistencias. Ese es el lugar y la posición del poeta, del hombre lúcido que se deja llevar pero que sabe que todo es más precario de lo que parece.

La culpa no es posible en este momento pues la voz poética está protegida de su asalto por su propia lucidez. Y, mientras tanto, el cielo del amor se convierte en una ilusión más modesta, suspendida tal como lo está el arándano del árbol, esa dulce fruto de una pequeña planta que puede caer, en cualquier momento.

VIII

La estrofa VI regresa al momento en que el amor apareció inminente.

El mar, un día, trató de conocernos.
Tú te despojaste de los sueños que tenías. Yo
preparé las manos. Era posible
que nos abandonase muy pronto.
Los nombres de las cosas
se fueron disponiendo. Muchos
acontecimientos, fijos,
se situaron en alrededor.
(En el fondo, tu y yo temblábamos.
¿Cómo acogerlo? ¿Se diría “señor mar”, o tal vez
“excelencia”. Ambos
establecimos una quieta transparencia.)
Pero el mar no llegó.
Desde entonces acá
sólo nos queda
cierto sabor salino
que gusta de crujir en las conversaciones.

Resulta que sí, que en algún momento la promesa del amor destelló en el horizonte. El amor parecía venir por sí mismo. Todo cobraba un sentido. Pero aún en ese momento la duda está presente. No se sabe cómo acogerlo: hay expectativa frente a ese absoluto pero ella está acompañada de miedo y esperanza. En todo caso el amor es el mar, fuente y origen de la vida, regreso a lo ilimitado, experiencia de satisfacción total. Pero el mar no llegó y solo hay cierto sabor salino, ciertas incrustaciones de felicidad, que aparecen en las conversaciones. El amor es la huella de lo que nunca fue sino en un sueño alucinado. ¿Pero no sería esa huella la realidad de un amor más modesto pero más posible y cotidiano?

IX

En la estrofa VII se narra la apuesta por insistir en el amor. Era como un fuego que clamaba por crecer. Se proyectaba como algo deslumbrante. Era mi “sueño mayor”. Se nos muestra una tensión: por un lado está la parte seca y por el otro la que quiere arder con plenitud. Pareciera que la llama amarilla gana la batalla y no dejara nada por decir, pero esta vez algo ocurrió en ella que le impidió fluir hacia el encuentro.

Verdad.
Qué sequedad dominó mis modales.
(Actos bellísimos, cierto modo
de contener las manos)
y en el fondo
una llama muy pequeña
se rebelaba, como que pedía
más derechos.
¡Prócer, prócer!
Verdad,
tú combatiste cuerpo a cuerpo
conmigo. (¡Ah, yo terminé creyendo
en algo deslumbrante
que no dejara nada por decir. Arder
en una llama de color amarillo!)
En verdad de verdades,
no ocurrió. Hubo algo detenido
en medio tuyo.
¡Oh, mi sueño mayor, empobrecido!

En la estrofa VIII se va aún más atrás. Se trata de identificar el momento en que surgió la promesa del amor, esa pequeña llama que reclama alimento para ser fuego deslumbrante. Entonces, se descubre algo tremendo, definitivamente importante. Y es que el amor era la respuesta a una pregunta corrosiva que asedia la vida. En medio de esa necesidad compartida de sentido, en esa pobreza existencial, se produce el encuentro amoroso. Encuentro que es posibilidad y amenaza. En definitiva es esa experiencia intensa que se pre -siente y espera. La “calma sellada” marca el momento en que se aguarda la palabra, la serena expectativa de felicidad. La esperanza de descifrar enigmas y de atravesar el desierto, el absurdo, a través del diálogo. En los viejos corazones están guardadas también las virtualidades, las posibilidades de algo que no llegó a pasar. Se cae un muro que nos protege pero nos limita. El amor se presenta finalmente como una incertidumbre dichosa.

Un óxido de muertos sitiando
los lugares donde se transitaba, como
una hiriente interrogante
en el lecho de pluma.

Una calma sellada
en los viejos corazones
guardando la ocasión de la palabra.
En esas latitudes nos hallamos.
(Así fue como lamí
con mi interminable lengua a las esfinges y
transité por los desiertos,
auxiliado por el poder de un anillo
que tenia una forma como de serpiente.)
Una caída grande
como las mas grandes calamidades
que asolaron a las aldeas y a
las pequeñas abadías. Una caída grave
como cuando los vientos conjurados
deciden en sus tiendas la caída de un muro.

X

En la estrofa IX se reexamina la historia pero bajo otra perspectiva. Se profundiza la introspección. La consigna es lograr una despiadada veracidad que hurgue en la memoria hasta acercarse a lo real, a lo firme y definitivo.

Eramos dos cuchillos errantes,
posiblemente entre peces helados
en las primeras nuevas de la adolescencia.
(No pediré pereza para mis huesos. No
sitiaré de escombros la memoria.
Quedan aún los frágiles andamios donde
te sostuve como a una vieja lámpara,
y eso era mientras en los mercados
aullaban las gentes desconsoladamente. No
ocultaré estos ojos que todo lo supieron.)
Eramos esa cal amarilla
que extendía sus signos debajo de la tierra
y protegía los riñones de los pardos amantes.
(Tregua y Talmud
dos hijos de la noche,
me suceden en el vientre. Arrojan
como ríos apócrifos
bolas de pluma y de saliva.)

Es malo o bueno, o justamente inútil
eso de estarse como un caballo sudoroso
arañando la tierra con los cascos de bruma.

Más allá de las mistificaciones y los deseos, en el seco terreno de la verdad desnuda, resulta que cada uno carga su furia. Los cuchillos errantes señalan un potencial de violencia, de agresividad, de frustración sin norte. Entonces la perseverancia en esa apuesta es cuestionada. ¿Es mala, buena, o justamente inútil? La voz poética parece inclinarse por esta última posibilidad. “arañar la tierra con los cascos de bruma” es una acción alucinada, ineficaz. Sin resultados. Es solo un gesto infecundo. El amor ideal supone que seamos lo que no podemos ser. Para empezar, dejar de lado nuestra agresividad.

En la estrofa X concluye el poema. Después de tantas dudas, finalmente, se vuelve a la culpa como sentimiento desde el cual se debe evaluar la relación, el fracaso del amor.

(Un enano
ausculta tu corazón, tu corazón
como una torre de greda.)
Me he tenido despaciosamente
entre espinos y catedrales derruídas
igual que la saliva entre el sonambulismo, y
entonces he pensado en mi
tan larga adolescencia. He maldecido
a los vientos que me helaban la lengua
y ceñían las enaguas a tus piernas de yeso.
(¡Torre de greda, torre! Cuándo fue
que tapaste con pámpanos de bronce
tus orejas arañadas. Por qué deshabitaste
mis interiores suntuosos, no obstante polvorientos.
Te digo torre que
Pegaso y Casiopea tienen
estrellas de cemento helado!)
Es un enano el que se tiende
en las noches carmelitas, pergueñado
de audacias y de sueños, astuto
como un mono. Gravemente devorado
por la culpa que adviertes
desde tu torre de greda.

En la explicación de la desventura del amor ahora predominan los reproches contra los amantes, especialmente contra ella. Ese enano, ese hombre bajo, que es una figura de la lucidez desencantada hurga en el corazón de ella y descubre que este es un castillo de arena, una “torre de greda”, una construcción sin firmeza, pronta a desmoronarse. Resulta también que ella no escuchaba, que se había tapado con “pámpanos de bronce/tus orejas arañadas”. Desde las ruinas aparece la reflexión sobre la “larga adolescencia”. Aparece el lamento por el amor que no llegó a ser del todo, que se quedó en promesa, en mal amor. Finalmente la voz poética la acusa por haber deshabitado “mis interiores suntuosos, no obstante polvorientos”. Pero más allá de los reproches está también lo incontrolable “…He maldecido/a los vientos que me helaban la lengua/y ceñían las enaguas a tus piernas de yeso”. Fueron pues los “vientos” los que hicieron que mi lengua no pueda decir y que tu cuerpo no lograra responder. El (mal) amor no llegó a ser, se presentó como posibilidad seductora pero terminó como culpa y lamento.

Desde que Hinotroza escribiera El mal amor el ideal del amor romántico ha sido puesto en cuestión. Este hecho debe ser visto como parte del giro hacia el pragmatismo propio de la época que vivimos. La idea es sumergirse en la experiencia sin tener mayores expectativas, tratando de ver si la relación realmente funciona en provecho de ambas partes. Giddens sostiene que el amor romántico ha funcionado como la antesala a la constitución de la pareja patriarcal. La mistificación propia de este amor no se sostiene de manera que el vínculo se rutiniza. Ahora la pareja se constituye no bajo el horizonte de una entrega total en un lazo permanente sino como una suerte de posibilidad o hipótesis de trabajo. Es lo que autor llama “amor confluyente”.

El mal amor

I

En el alumbramiento del amor
no estuvimos presentes. Allí
se bebió, como se bebe
en los altos funerales de un
muchacho.

Nosotros concebíamos hablando.

Detrás tuyo hubo siempre un mar demasiado
hermoso, empobrecido por la fuerza
de mi canto.
Yo, por mi parte, en un lugar
poco conocido
rescataba nuestro pobrísimo viaje
del silencio.
(Dolor, ve y nace, y
huye hasta mí. Solo de esta manera
conseguiremos cierta transparencia
digna, posiblemente pura.)
Séame dada la culpa. Yo
quiero ese andamiaje. Estoy cansado.

II

Un alto modo
de establecer la duda, como
si se tratase
de una palabra dicha
a través de la mesa de madera
en ciertos esponsales concertados.
Un modo seco y
centelleante y
presente, como el olor del aire
cerca de la tormenta.
Luego nos separamos.
Por aquí mis enormes
reservas de palabras.
Allá tu amor, encaramado
en una vela blanca.
(Ni aún la historia
me serviría ahora. No
se asentará el recuerdo. No
nacerá de nuevo.)
Una apariencia de verdad. Un
augusto retiro necesito.

III
Eramos la sal que el viento esparce
en el sueño de los
adolescentes.
(Fabulosos telares nos aguardan,
soles enfebrecidos, fondo
columnar de los mares.)
Pero nada de eso, pero sólo
fuimos agitados
por el eco del galope
de un ángel obsedido por secas bocanadas
de lujuria.
(Hubo, sin embargo, reyes que meneaban la cabeza
a cada instante de nuestras aproximaciones.)
Una guardia dorada
en trono a mis palabras. Detrás
un mar muy transparente, como una altura
probablemente falsa.

IV

Y en cierta raza, en cierta
latitud tú fuiste
la nitidez de una espada, la
pureza de una puerta
que se abre.
Yo no, yo
paso a describirme:
Consejero del lobo, portador
de un extraño
don,
todo cubierto de arenas
y de posibles ritos.
(Dónde, en que noche
trabajaron nuestros asesinos. Y de
eso también fui portador.)

Seca, la hermana memoria.

(Del mismo modo, en el fondo
de un vaso, se fue
estableciendo tu nombre. Afuera
algo de eso cantado,
tal vez rojo,
ardía, como heno seco.)

V

Te criaste entre reyes, razas
herméticas, calenturas nocturnas.
De qué manera aproximar la culpa
si un alto sitio de soledad me obsede.
(Pero las tiendas de campaña
cubrían el desierto. Yo,
con un puño cargado de presagios,
seguí la caravana.)
Pero no hay modo
de aproximar la culpa.
(Cierta raíz frigia
daría el desenlace.
Puntualicemos: no
se trata de la muerte.)
Y el cielo, como un arándano
precariamente suspendido…
(Un monje alucinado
el gran pretexto.)

VI

El mar, un día, trato de conocernos.
Tú te despojaste de los sueños que tenías. Yo
preparé las manos. Era posible
que nos abandonase muy pronto.
Los nombres de las cosas
se fueron disponiendo. Muchos
acontecimientos, fijos,
se situaron en alrededor.
(En el fondo, tu y yo temblábamos.
¿Cómo acogerlo? ¿Se diría “señor mar”, o tal vez
“excelencia”. Ambos
establecimos una quieta transparencia.)
Pero el mar no llegó.
Desde entonces acá
sólo nos queda
cierto sabor salino
que gusta de crujir en las conversaciones.

VII

Verdad.
Qué sequedad dominó mis modales.
(Actos bellísimos, cierto modo
de contener las manos)
y en el fondo
una llama muy pequeña
se rebelaba, como que pedía
más derechos.
¡Prócer, prócer!
Verdad,
tú combatiste cuerpo a cuerpo
conmigo. (¡Ah, yo terminé creyendo
en algo deslumbrante
que no dejara nada por decir. Arder
en una llama de color amarillo!)
En verdad de verdades,
no ocurrió. Hubo algo detenido
en medio tuyo.
¡Oh, mi sueño mayor, empobrecido!

VIII

Un óxido de muertos sitiando
los lugares donde se transitaba, como
una hiriente interrogante
en el hecho de pluma.

Una calma sellada
en los viejos corazones
guardando la ocasión de la palabra.
En esas latitudes nos hallamos.
(Así fue como lamí
con mi interminable lengua a las esfinges y
transitÉ por los desiertos,
auxiliado por el poder de un anillo
que tenia una forma como de serpiente.)
Una caída grande
como las mas grandes calamidades
que asolaron a las aldeas y a
las pequeñas abadías. Una caída grave
como cuando los vientos conjurados
deciden en sus tiendas la caída de un muro.

IX

Eramos dos cuchillos errantes,
posiblemente entre peces helados
en las primeras nuevas de la adolescencia.
(No pediré pereza para mis huesos. No
sitiaré de escombros la memoria.
Quedan aún los frágiles andamios donde
te sostuve como a una vieja lámpara,
y eso era mientras en los mercados
aullaban las gentes desconsoladamente. No
ocultaré estos ojos que todo lo supieron.)
Eramos esa cal amarilla
que extendía sus signos debajo de la tierra
y protegía los riñones de los pardos amantes.
(Tregua y Talmud
dos hijos de la noche,
me suceden en el vientre. Arrojan
como ríos apócrifos
bolas de pluma y de saliva.)

Es malo o bueno, o justamente inútil
eso de estarse como un caballo sudoroso
arañando la tierra con los cascos de bruma.

X

(un enano
ausculta tu corazón, tu corazón
como una torre de greda.)
Me he tenido despaciosamente
entre espinos y catedrales derruídas
igual que la saliva entre el sonambulismo, y
entonces he pensado en mi
tan larga adolescencia. He maldecido
a los vientos que me helaban la lengua
y ceñían las enaguas a tus piernas de yeso.
(¡Torre de greda, torre! CuÁndo fue
que tapaste con pámpanos de bronce
tus orejas arañadas. Por quÉ deshabitaste
mis interiores suntuosos, no obstante polvorientos.
Te digo torre que
Pegaso y Casiopea tienen
estrellas de cemento helado!)
Es un enano el que se tiende
en las noches carmelitas, pergueñado
de audacias y de sueños, astuto
como un mono. Gravemente devorado
por la culpa que adviertes
desde tu torre de greda.

Alicante (España), 13 feb (EFE).- Las dificultades para encontrar el amor de forma "natural" son el punto de partida de la última comedia de la argentina Daniela Fejerman, "Siete minutos", en la que la directora lleva a la gran pantalla otra forma de relacionarse: las citas rápidas
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Esta película, producida por el español Gerardo Herrero ("Martín Hache") y que se presentó hoy en la ciudad española de Alicante, donde se ha rodado durante las últimas semanas, continuará su filmación en Madrid a partir del próximo lunes

Herrero tuvo la idea tras una conversación con una amiga y pronto convenció a Fejerman y a Ángeles González-Sinde, la actual presidenta de la Academia de Cine española, para escribir una historia que llevó a las dos guionistas a vivir en primera persona una de estas citas rápidas

Esta investigación de campo terminó convirtiéndose en una historia que habla de "algo común hoy en día: la dificultades a las que se enfrenta la gente que está sola y quiere dejar de estarlo en un mundo en el que las formas naturales para conocerse, como los bailes y las fiestas, han desaparecido", explicó Fejerman

En este nuevo contexto, "la gente tiene que buscar nuevas fórmulas para encontrarse", añadió la cineasta, quien afirmó que, aunque "el mercado intenta convertir las relaciones personales en un bien de consumo, la gente se resiste, porque lo que necesita es encontrar cariño, amor y afecto"

Según Fejerman, el desafío a la hora de plantear esta comedia coral fue crear personajes muy peculiares y a la vez reconocibles, como los que retrata la película, pero sabiendo que las formas de encontrar el amor nunca iban a ser las que en principio se esperarían

Bajo esta premisa, las guionistas crearon personajes tan distintos como Zulú, un entrenador de fútbol, divorciado y con dos hijos; Nerea, una neurótica profesora de Historia en la universidad, insegura de sí misma; Sonia, una mujer muy exigente con los hombres, y Ana, la amiga que acompañará a esta última a las citas y que descubrirá que su matrimonio no era tan idílico

Un preso en régimen abierto, Luismi; un chico que no acaba de definirse sexualmente, Vicente, y el compañero gay de éste, Juanma, son los personajes que completan el reparto de esta historia. EFE mjt-fal/mcs/mm

El juego

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se divide por “rangos”, y hay eventos especiales para cada “rango”. El “rango” no es más que la franja de edades: si no fuera por el “rango”, las damas de cincuenta como las que hoy están aquí se quedarían sin candidatos hasta en este juego y pese a haber pagado la inscripción. Los caballeros de cincuenta y tantos prefieren a las treintañeras.

Les dan tarjetas ya tabuladas y marcadas con la primera impresión que les provoque cada candidato/a. Son como antiguos carnets de baile. En las tarjetas hay tres caritas que expresan: 1) satisfacción; 2) duda: merece una segunda oportunidad; 3) desagrado. Tomándose ese examen mutuo, un rato después de “las 19”, el lobby está lleno de damas y caballeros sonriendo y conversando, cada pareja en su mesa. A los ocho minutos, suena una campana que toca la Venus de ojos celestes con un mohín que indica que todos deben cambiar de mesa y compañero/a. Todos obedecen. Están ansiosos por ver quién sigue. Quizá mientras conversen con el siguiente seguirán pendientes del anterior, si es que les ha gustado, y relojeando a la dama con la que él se ha sentado. Las variables posibles de atracción o rechazo escapan a la manipulación del juego, así como las pasiones y los arrebatos, los pensamientos recurrentes, la naturalidad y el azar, en fin, esos pormenores tan importantes en cualquier historia de amor o deseo. El juego ofrece seguridad y garantiza “gente para conocer”, pero a cambio se reserva el derecho de enamoramiento súbito, desprolijo y antojadizo. Aquí no se viene a dejarse llevar, sino a evaluar y a ser evaluado.

Las citas rápidas florecen en un contexto en el que la soledad ya ha empantanado demasiado a hombres y mujeres que deben convertirse en damas y caballeros, como si fueran personajes surgidos de alguna trama de amor cortés, o bien como los carteles de los baños públicos. Visto desde la puerta del hotel, el juego sigue su curso, aunque ha habido inconvenientes, que son los de la vida real: hay más damas que caballeros. Ellas deben relucir más, ser más agudas y divertidas para que ellos marquen 1) o 2).

Afuera paró de llover y sin embargo todavía hace calor. La noche que llega impregna el algodón de las remeras y las camisas de un sudor mezclado de humedad y cansancio. Afuera hay embotellamiento, y hay patrulleros pidiendo documentos a unos pibes. Las bocinas están enfurecidas y los hombres y las mujeres que salen de sus trabajos caminan rápido para alcanzar el colectivo. Y aún con la pesadez del clima y el tránsito, afuera de ese hotel todo está vivo.

¿una nueva manera de encontrar el amor?
Nacido en Estados Unidos hace cinco años, el fenómeno de las "fast dating" llegó a la Argentina.
"10en8.com" es la primer empresa del país que organiza citas breves con varias personas en una misma noche.

Importado directamente desde Estados Unidos, el sistema de “fast dating”, tal como se lo conoce en el mundo, es una alternativa que llegó a la Argentina para competir con otros métodos no tradicionales para encontrar pareja: ya sea consultoras matrimoniales, chats o espacios de encuentro de solos y solas.

Todo comenzó en el verano de 2002, cuando Alejandra Campero, dueña y directora comercial de "10en8.com" (empresa pionera en esto de organizar citas breves con más de una persona en no más de dos horas) advirtió un fenómeno a nivel mundial y se animó a probar suerte en el país. Pero recién a principios de este año se hicieron las primeras reuniones abiertas al público en general.

10 personas en 8 minutos, rapidito, rapidito

Campero asegura que científicamente está comprobado que 8 minutos alcanzan y sobran para saber si la persona que se tiene enfrente es interesante o no.


"Ya sea por un tema de lenguaje corporal o química, cuando uno está hablando con la persona sabe para qué la quiere. Si es como amiga, para algo más o si no le interesa definitivamente", dijo Campero.

La ejecutiva comentó además que "cuando alguien te gusta, 8 minutos puede ser un tiempo muy largo o muy corto. Muy corto si lo que tenés enfrente te atrae y muy largo si la persona no te gusta".



Metodología del encuentro

Los caballeros rotan por las mesas de las damas y al cabo de los 8 minutos correspondientes, la organizadora interrumpe la charla con el sonido de unas campanitas. "Tenés esos minutos para darte a conocer, para que te conozca y si te atrae marcar la diferencia para que te fleche y quiera volver a verte", explicó Campero.

Luego de las primeras cinco citas, se les da un descanso de 15 a 20 minutos para que puedan interactuar todos entre todos. En ese interín se hacen sorteos y luego se continúa con las últimas cinco citas.



Todos los participantes se identfican con un "nickname", o seudónimo,y completan una planilla personal en la que indican si tuvo un "flechazo" con alguien, si pretenden una amistad o si no les atrae en lo más mínimo. Al cabo de 48 horas, los resultados aparecen publicados en la Web de la empresa.

Si de precios se trata, Campero contó a que el costo por participante es de 50 pesos (incluye copa de bienvenida y sorteos).



¿Cómo son los participantes?

Desde un ingeniero mecánico que se la pasa viajando, una rubia platinada con toda la pinta de divorciada y un langa que trabaja en la Bolsa, pasando por una colorada cercana a la soltería irremediable y una gordita que se tiró el placard encima, hasta llegar a un tímido que no se anima a encarar mujeres en los boliches pero que dice ser un excelente compañero de baile, en las citas rápidas es posible encontrar todo tipo de personas, y personajes.

Frases como "mis amigos están de novios y no me acompañan en las salidas", "hace tiempo que no estoy en pareja porque soy muy selectivo", "un amigo me lo recomendó", "mi trabajo no me permite establecer vínculos", "me casé muy joven y me separé", son disparadas a sus compañeras de mesa por los participantes masculinos escondidos en apodos como Popeye, Tigre, James Bond o Alex.

Para la directora comercial, la cosa no es tan así. Campero dice encontrar un factor común entre todos sus clientes: “En general son profesionales que trabajan mucho para mantener su nivel de vida pero que tienen poco tiempo para relacionarse fuera de su círculo habitual de amistades”.

La pionera de ésta metodología en la Argentina sostiene además que es una opción rápida para encontrar pareja pero que también es un espacio para divertirse con personas de distintos ámbitos.



Se ha formado una pareja



El promedio de "matches", lo que ellos llaman coincidencias, es de 5 por encuentro. Así fue como se conocieron Adriana y Jorge hace 10 meses en una de las primeras reuniones de "10 en 8.com".



"Hacía 4 años que no salía con nadie y cuando vi a mi actual pareja, además de gustarme físicamente me atrajo su sencillez", comentó a la enamorada. Y agregó: "Al cabo de unas horas, nos enteramos de la coincidencia y empezamos a chatear".



Hoy la pareja planea irse a vivir juntos el año que viene y no descartan la posibilidad de casarse en un futuro.

En Japón el gobierno financia citas express para combatir la baja natalidad

japon-citas.jpg Se trata de conocer rápidamente a una sucesión de personas del sexo opuesto con apenas unos minutos para hacer conexión, antes de que una campana marque el momento de cambiar de pareja.

Las fiestas de citas rápidas o speed dating gozan de gran popularidad en algunos países, pero en ninguna parte como en Japón, donde algunos de estos eventos son financiados por el gobierno.

La estrategia del gobierno japonés es que promoviendo tales encuentros, sus ciudadanos se casen y formen una familia, todo con el fin de combatir la actual tendencia demográfica que apunta a una reducción considerable de la población.

En las fiestas organizadas por la compañía Exeo (también se puede consultar información en su blog) en el centro de Tokio, unos 20 hombres y mujeres suben a un pequeño salón en el primer piso del local con la esperanza de conocer a alguien especial. Cada pareja tiene apenas dos minutos antes de cambiar de interlocutor.

Muchas de los participantes parecen tener los mismos problemas. Pasan muchas horas en el trabajo, lo que los deja sin tiempo para invertir en la búsqueda de una pareja.

Además, actualmente las mujeres japonesas pueden aspirar a trabajos muy bien remunerados, de modo que la necesidad económica de buscar un esposo parecen ser menores.

Aún así, el deseo de tener un romance hace que muchos estén dispuestos a pagar para que los expertos les ayuden a encontrar pareja.

Los gobiernos locales en Japón se han mostrado dispuestos a respaldar financieramente a los organizadores de citas rápidas como parte de sus esfuerzos para combatir lo que parece ser un serio problema social.

Escuelas que alguna vez estuvieron repletas de niños están siendo cerradas por falta de alumnos (2.000 tan sólo en la última década).

Asimismo, a medida que la población envejece, crece la presión sobre el sistema estatal de pensiones.

Vía: BBC Mundo

Vivir en soledad es una tendencia que crece. en la argentina, mas de tres millones de personas eligen la solteria como estilo de vida. estas son sus historias, y sus vaivenes...

Por fin las expresiones �para vestir santos�, �solterona� o �solter�n empedernido� quedaron obsoletas. S�, hoy por hoy, ya se puede afirmar que la solter�a dej� de ser un estado vergonzoso para pasar a ser una alternativa. El mandato social mut� con la progresi�n de las d�cadas y el �xito o la satisfacci�n personal ya no se alcanza al dar el �s� en el altar. Ya sean divorciados, separados, solos o viudo, en cualquiera de sus formas, ellos pueden decir: �S�, estoy soltero/a. �Y qu�?�

A medida que las d�cadas avanzaban los n�meros de personas solas, seg�n el Indec, aumentaban: desde 1991 a 2001, el porcentaje de solteros pas� del 42 al 45,3 por ciento. Pero estas no son las �nicas cifras. En 1960, s�lo el 7 por ciento de los hogares eran unipersonales. Dos d�cadas m�s tarde, treparon al 10%, que en 2004 se convirti� en un 16%. Y ya se puede estimar que para 2010 un 22% de los hogares ser�n unipersonales.

Aunque m�ltiples y variadas, las razones del por qu� de esta evoluci�n est�n interconectadas de tal manera que forman una cadena de reacciones: la extensi�n de la etapa educativa que alarga, a su vez, la adolescencia y primera juventud. El afianzamiento del individuo en su carrera retrasa la formaci�n de una pareja por todas aquellas responsabilidades y �obligaciones� que, se supone, traer�. Con el aumento de los divorcios aument� tambi�n la desconfianza.

Tambi�n tiene mucho que ver la llegada de la mujer a las grandes esferas del mercado laboral, porque, al nivelarse los ingresos masculinos con los femeninos, la seguridad personal dej� de ser exclusividad de la pertenencia familiar. Esto quiere decir que, en general, ya no hay �mantenidas�. Y esto gener� un cambio enorme: el del concepto tradicional de familia y el valor que en el imaginario colectivo se le da hoy a las relaciones de pareja. Lo que antes se asum�a como un �hasta que la muerte nos separe� hoy se vive como un �hasta que deje de funcionar�.

Solteros siglo XXI

Pero hay algo que no queda muy claro. Si los n�meros han cambiado y ya no es un estigma social el estar solo, �por qu� surgen hero�nas como Bridget Jones o Carrie Bradshow (el personaje protag�nico de Sex & the City), mujeres independientes cuya b�squeda permanente es la de la pareja ideal? �Antes se estaba en pareja por decreto, porqu� as� deb�a de ser. Ahora, la pareja es un estado idealizado,� explica la Licenciada Mariela Mociulsky, de la consultora Grupo CCR, y agrega: �Cuando las abuelas dicen �antes nos soport�bamos� tienen raz�n. Como la solter�a* justamente ha dejado de ser un estigma social, se duda mucho m�s en el momento de conformar una pareja y mucho menos en quebrarla cuando �sta deja de ser ideal�. La pareja hoy, entonces, se ha convertido en un territorio sin gu�as o reglas. Y, a la hora de estar con otro y estar bien, se ponen en juego una cantidad de variables para las que antes no hab�a espacio: �En primer lugar, hay que resignar muchas cosas. En esta �ltima d�cada y como consecuencia de la globalizaci�n, ha habido una gran exacerbaci�n de la individualidad. Los proyectos personales son los que est�n en un primer plano y cuesta mucho negociar el espacio propio con el de la familia. �Hasta d�nde fundirse en la pareja? �C�mo negociar el espacio privado del compartido? Hoy estamos en un momento en el que la vida de a dos se est� redefiniendo y reconstruyendo y, a veces, se torna muy confuso.�

De esta manera, el soltero del siglo XXI es mucho m�s individualista y, tambi�n, mucho m�s solitario. Si hay algo que modific� las relaciones interpersonales en esta �ltima d�cada ha sido la tecnolog�a e Internet. Se trabaja desde la casa, se chatea y se crea una fantas�a de estar relacionado con �un otro�, extendiendo el contacto on line y retrasando y, hasta a veces, resignando el encuentro personal. Hoy, seg�n Mociulsky, �la gente se conecta y desconecta como la tecnolog�a sin llegar a concretar un v�nculo afectivo y con muy poco compromiso. Se vive un zapping afectivo lleno de encuentros intermitentes y peque�os. Esto refleja el gran temor que se vive a perderse uno dentro de una relaci�n�.

La solter�a cool

Como consecuencia de esta fantas�a ideal de pareja, el lugar en el que se pone el �nfasis para el gran disfrute es la b�squeda. El soltero cool es objeto de envidia de todo ser comprometido. Es aquel que no tiene que darle explicaciones a nadie, que tiene un presupuesto extendido para invertir s�lo en s� mismo y tiempo para viajar. �Son el individualismo potenciado: cuidan m�s su peso, su apariencia, est�n a la moda, hacen deportes, les dan mucha importancia al dise�o, a la decoraci�n, les gusta tener chiches high tech y, en general, conforman una imagen interesante y envidiable para algunos,� agrega la Licenciada.

Y esta imagen de un segmento de la poblaci�n en aumento no le ha sido indiferente al mercado. Las compa��as, entonces, no dudan en ponerlos como modelo para sus campa�as y apuntan a ellos como consumidores privilegiados.

�El soltero es la persona que m�s recurre a diferentes objetos para construir esa imagen ganadora de solo o sola. No es lo mismo sentarse a una mesa y apoyar un bluetooth que un celular b�sico. Esa es la gran diferencia entre el soltero y el casado. El casado no se va a gastar la plata para la cuota del cole de los chicos en un chiche�, explica Adri�n Gluck, CEO de la consultora de marketing Punto 3, y a�ade: �Pero no es s�lo en el mercado de los aparatos high tech que las compa��as buscan captar a los solteros. En el �rea de los alimentos y las inversiones tambi�n hay una b�squeda agresiva por ingresar dentro de esta franja de consumidores�. Y tiene raz�n. En los supermercados pueden verse envases m�s chicos, porciones de diferentes cosas envasadas de a una o frascos m�s chicos de cualquier cosa. �Nosotros captamos esta tendencia y es a la que apuntamos con nuestra l�nea Premium de embutidos, Bocatti. Los envases de esta l�nea tienen otro dise�o, otro material y tienen un gramaje menor. Los de pat�, por ejemplo, fueron de 125 gramos a 90. O los envases para salam�n, que est�n divididos en tres canelones independientes. Si abr�s uno, no afectas a los otros�, explica Juan Carlos M�rmol, director comercial de Bocatti.

Al no tener una pareja con la que negociar el gasto mensual, el soltero puede ser m�s arrojado a la hora de invertir en la bolsa. �Un inversor casado, con cargas familiares, de invertir lo har� m�s en empresas de value, como puede ser General Electric. El soltero, m�s intr�pido, quiz�s lo haga en empresas como Google, con potencial de crecimiento, o en el �rea de biotecnolog�a o biocombustibles, que est�n en pleno desarrollo, ya que buscan activos que tengan alto potencial de largo plazo porque ellos tienen tiempo y paciencia�, explica Alejandro Bianchi, de Invertir On Line.

En algunos rubros se han convertido en los consumidores n�mero uno: �Si ten�s una pareja, hijos, quiz�s tengas auto. Si est�s solo, seguramente no. Por eso, los solteros son hoy nuestros grandes clientes�, cuenta Mat�as Primarco, de Rent a Car. Hombres y mujeres que durante la semana trabajan y vuelven tarde no van a tener un auto en una cochera parado, gastando la plata que podr�an usar en comprar ropa, maquillaje o darse un buen masaje. Entonces, cuando llega el fin de semana, recurren al alquiler de coches. �Tenemos de todo: el que quiere lucirse con una chica, alquila un auto y les quita las etiquetas de la rentadora; el grupo de 3 o 4 que alquilan por el fin de semana o los que s�lo quieren salir a pasear.�

Hasta no hace mucho, las personas de m�s de treinta que a�n no estuvieran casadas eran vistas con recelo. Eran y se sent�an marginados sociales. Hoy, seg�n cifras del Indec, hay m�s de tres millones de solteros en la Argentina que viven solos por elecci�n. Por un lado, un gran progreso social. Por el otro y como contrapartida, el mismo fen�meno idealiz� tanto a la pareja que resulta muy dif�cil sostener la relaci�n con un par a largo plazo. Pero los solteros no desisten. Desean y tienen esperanza. Y, hasta que esto se concrete, saben pasarla muy bien.

Por Constanza Guariglia

revista@lanacion.com.ar

Carla Teso
30 a�os, dise�adora gr�fica

Al estar sola, pude tener un proyecto personal y pude elegir. Hasta hace poco, por ejemplo, conviv� con dos amigos por una necesidad econ�mica y quiz�s, de estar en pareja, no hubiera podido. Y es muy diferente a convivir con una pareja. Ten�a mi lugar que compart�a con otra gente. Pero hac�a la m�a. No hay una relaci�n de compromiso afectivo. Cada cual hac�a su vida pero, sin embargo, estaba acompa�ada y encar�bamos la vida en grupo. Ten�a esa libertad. Cuando est�s soltero, sos due�o de tu tiempo. Yo voy a la facultad, trabajo mucho y no tengo que cumplir horarios con nadie. De todas maneras y aunque est� todo bien con la solter�a, me encantar�a estar en pareja. Al estar sola, de todo me hago cargo yo. Y a veces siento que me falta un ancla. Algo que me ponga orden. En ciertos momentos, una pareja te pone un orden, pero tambi�n te trastorna. Es una variable muy sensible que hay tener demasiado en cuenta. Cuando est�s sola, quiz�s eleg�s m�s los momentos de ver a las personas. Y cuando est�s en pareja, aunque tengas ganas de estar sola, cumpl�s con verlo. Todo es relativo y todo es seg�n como se tome. Pero, de lo que s� estoy segura ahora es de que es mejor estar sola que bancarte los desplantes de cualquiera. Es una p�rdida de tiempo. Momentos que quiz�s hubiera podido utilizar para mis proyectos los utilic� en algo que no quer�a hacer y eso, a la larga, es una molestia.

Concepcion �Tina� Gonzalez Rodriguez
61 a�os, esteticista

Me separ� de mi marido hace diez a�os, pero, la verdad, siento que siempre estuve sola. Lo m�s positivo que me qued� de estar con �l fue mi hijo, Diego. Disfruto mucho de estar sola. Ahora siento que soy �yo�. Porque antes fui �la hija de�, luego �la mujer de�. Y ahora puedo decir que soy Concepci�n Gonz�lez Rodr�guez. Antes, cuando estaba casada, era una obsesiva de la limpieza y el orden. Todo ten�a que estar perfecto. Ahora, como el desorden es m�o, estoy mucho m�s relajada. Si quiero limpiar, limpio, y no tengo que limpiar la mugre de otro. Si no quiero comer, no lo hago, y no tengo que cocinar para nadie. Ahora manejo mis tiempos, mi plata, lucho y salgo adelante. Con el hombre que estuve casada..., hoy lo veo y no lo puedo creer. Claro que a veces cuesta y mucho llevar adelante todo sola. Pero vas zafando. Prefiero esta vida a estar casada. No soy de las que dicen: �No ser� feliz pero tengo marido�. Puedo decidir irme a Mar del Plata un mes y no le doy explicaciones a nadie. Hago yoga, hago gimnasia, voy a congresos, hago cursos, pero no busco parejas. Tengo historias, tengo pretendientes, pero los prefiero lejos. Salvo que aparezca el pr�ncipe azul, al que nunca dej� de esperar. Pero, �ojo! Tiene que ser bien azul. Azul en serio.

Eduardo Grimaux
33, analista de sistemas

Es verdad que la soledad cuesta, pero a todo uno se acostumbra. Cre� una independencia que, al estar con alguien, no la tendr�a. No te digo que no me gustar�a ya tener una familia, pero no puedo lograrlo ni econ�mica ni sentimentalmente. Y, mientras estoy soltero, lo aprovecho: salgo mucho a bailar, a tomar con amigos; soy de Entre R�os y ac� me cuesta m�s encontrar a alguien. Todo es m�s grande. La gente es distinta; los hombres tienen m�s labia y eso, para m�, es demasiada competencia. Pero ac� tambi�n me liber� y ahora siento que a la sociedad no le tengo que demostrar nada, porque cuando cumpl� los 30 se me vino el mundo abajo. Siempre hab�a pensado que, para esa edad, ya iba a estar casado. Y para peor, todos mis amigos ya lo estaban. Igual ahora la mayor�a se est� divorciando y te das cuenta de que estar en pareja no es tan f�cil. Mejor entonces esperar a conocer a alguien que sea la indicada, porque ya no creo en aquel tipo de matrimonio que era como el de nuestros padres o abuelos, matrimonios largos que se soportaban. Eso ya no existe. Por eso, el d�a en que yo me case, lo har� con alguien que me haga sentir bien y con quien sea para siempre. Quiero estar seguro.

Luis Ormaechea
40 a�os, docente universitario

Est� bueno estar de novio, pero tambi�n estar solo. Hay una cierta idea de libertad, de poder hacer lo que quer�s en el momento que quer�s sin darle explicaciones a nadie. La verdad es que estar solo me dio la oportunidad de dar un salto profesional enorme. Porque fueron a�os de mucho laburo, de estar fines de semana corrigiendo y, de estar en pareja, no s� si hubiera podido. Tambi�n est� muy bueno el tener el control total del televisor, eso es invaluable. Cuando est�s con alguien, ten�s que empezar a compartir el televisor. Tambi�n como cuando tengo ganas y si quiero acostarme a las 4 de la ma�ana, lo hago. Si no, ten�s que estar adecuando siempre tus tiempos a los de otro. Entrar y salir sin tener que dar o pedir explicaciones: si hay un ciclo en la Lugones, poder dedicarle todas las noches a eso. Despu�s salir por la Avenida Corrientes, comer algo por ah�, encontrarme con alguien, tomar un caf�... B�sicamente eso. Siempre me gustaron las tareas dom�sticas y quiz�s ten�a m�s problemas con mi pareja porque era m�s desordenada. Siempre llega el cuestionamiento: ��Para qu� ten�s tantas pel�culas? �Para qu� ten�s tantas revistas, tantos libros?� Y yo vivo de eso. El tema de compartir los espacios siempre es complicado.

Patricia Gordillo
49 a�os. Trabaja en el �rea comercial de una empresa petrolera

Nunca me cas�, nunca conviv�, s� tuve parejas, pero la verdad es que estoy soltera desde hace mucho tiempo. Y me siento muy c�moda con esta situaci�n. �Por qu�? Porque hago muchas cosas que quiz�s al estar en pareja no podr�a. Por ejemplo, hago mucho deporte y quiero seguir estudiando. Me encanta viajar y no le doy explicaciones a nadie ni tengo que hacer coincidir mis tiempos con otro. Esto no quiere decir que descarte la posibilidad de estar con alguien, pero, la verdad, no hay hombres de mi edad. Aunque salgo y tengo mucha vida social, veo y padezco mucha incomunicaci�n entre los sexos. Pero no me siento para nada una solterona, al contrario. Cuando digo que soy soltera, me miran con extra�eza. Pero estoy muy bien as�. S� me encantar�a tener hijos y no pierdo las esperanzas en ese sentido. Me gustar�a formar una buena familia, pero no con cualquiera. Tendr�a un hijo sola aunque se que me costar�a m�s.

Gustavo P�rez
34 a�os, odont�logo

Desde hace cuatro a�os que estoy s�lo y, aunque estoy a la b�squeda de una pareja, tambi�n estoy cansado de relaciones casuales. Busco una mujer, pero sin apuro, porque el apuro trae malas decisiones. Por eso eleg�, luego de separarme, quedarme s�lo. Al terminar con mi �ltima ex, a los 31, decid� quedarme solo para saber realmente lo que yo quer�a. Al principio me cost�, porque siempre estuve de novio. Pero ahora s� lo que quiero y, de estar acompa�ado, no lo hubiera logrado. Pero encuentro que la solter�a en Buenos Aires, hoy por hoy, para m� es una gran farsa. Es una frivolidad. Las personas est�n totalmente pendientes de s� mismas y no se abren. No les interesa la cabeza de los dem�s.

Hay muchas ventajas al estar s�lo, como la independencia y el poder de decisi�n. Claro que puede ser un peligro porque uno se puede convertir en un ermita�o o ego�sta. Con la pr�xima mujer con la que est� querr�a casarme y tener hijos. Pero, en verdad, no hay apuro.

�Comer�n perdices?

Por Fabiana Scherer

Carrie (Sarah Jessica Parker), Samantha (Kim Cattrall), Charlotte (Kristin Davis) y Miranda (Cynthia Nixon), las neur�ticas hero�nas de Sex and the City vuelven a adue�arse de la Gran Manzana en la pel�cula que comenz� a rodarse en Nueva York en septiembre y que tendr� como fecha de estreno en los Estados Unidos, el 30 de mayo de 2008. El popular ciclo de HBO (en la actualidad lo emite la se�al Cosmopolitan TV) que fue suceso de rating desde sus inicios, en 1998 explor� con iron�a las alegr�as, obsesiones y tristezas de esta cuatro amigas que en busca del �hombre ideal� hicieron frente a las m�s desopilantes situaciones y pusieron en un plano totalmente diferente el t�rmino de �soledad� y �sexo�, todo visto desde el costado femenino y visceral. El proyecto de llevar al cine a Sex and the City surgi� a principios de 2004, con el episodio 94 y tras seis temporadas en el aire, pero fue este a�o que se lleg� a un acuerdo. Seg�n la revista Variety, el mayor escollo estuvo en manos de Kim Cattrall, que luego de tantas idas y vueltas consigui� lo que buscaba: un salario similar al de Parker y control sobre el gui�n. Seg�n se rumorea, las aventuras de la columnista de sexo Carrie Bardshaw tendr� como principal objetivo el reencuentro con Mr. Big (Chris Noth). Hay im�genes que la muestran vestida de novia, pero ya hay blogs que aseguran que s�lo se trata de un sue�o.

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